La terapia centrada en el cliente: orígenes y teoría
La terapia centrada en el cliente es un modelo psicoterapéutico desarrollado por el psicólogo estadounidense Carl Rogers (1902-1987) a partir de los años 40 y que ha originado la psicología humanista existencial. Las teorías principales del enfoque humanista son:
- Las personas son, por su naturaleza, buenas y capaces de comportarse de manera eficaz
- Saber ser más que saber hacer
- Las personas son autodirectas, no responden pasivamente a los estímulos del entorno
- El comportamiento del individuo es intencional y está dirigido a un destino
- Las personas nacen sanas y eficientes, se vuelven perturbadas e ineficientes debido a un aprendizaje incorrecto.
- El terapeuta no debe manipular los acontecimientos en lugar del individuo, sino tiene que promover la autonomía
Concepto base de la terapia centrada en el cliente es la "realización de sí mismo": representaría una tendencia innata del organismo, definida tendencia de la actualización, a desarrollar todas sus propias habilidades de manera que sea útil para mantenerse y mejorarse.
La terapia centrada en el cliente es, ante todo, una teoría de la relación entre terapeuta y cliente. La tarea del terapeuta es ofrecer una atmósfera que no sea directiva, sino facilitadora, y una relación que permita la presencia de tres características imprescindibles:
- No directividad: La relación entre terapeuta y cliente (nunca llamado "paciente") es paritaria, el terapeuta no aconseja, no interpreta, no elige metas en lugar del cliente, sino confía en las posibilidades del cliente de resolver sus dificultades, si este se encuentra en la condición de liberar sus potencialidades.
- Empatía: el terapeuta mira el mundo del cliente considerando la perspectiva y el punto de vista de él, alejándose de su propio esquema mental de referencia.
- Aceptación incondicional: las personas tiene valor por el mero hecho de ser personas y el terapeuta considera que sus clientes son muy importantes, aceptándolos y escuchándolos activamente, sin prejuicios.
La terapia centrada en el cliente en la práctica
La terapia centrada en el cliente anima la autoapertura y la revelación pura de las emociones, de los conflictos y de los destinos personales. Durante la consulta, el terapeuta crea un "clima facilitador", una atmósfera cálido y segura che permite al cliente abandonar la rigidez de sus defensas, para favorecer la autoaceptación. Por consiguiente, la relación entre los dos es auténtica y paritaria, entre seres humanos, y no entre médico y paciente. Es un encuentro entre dos personas que caminan juntas. El usuario adopta un papel activo y responsable en el proceso de cambio. El terapeuta no es directivo, no juzga, no aconseja, no prescribe sino expresa una consideración positiva y estima incondicional hacia el cliente.
El objetivo de la terapia centrada en el cliente es facilitar el proceso de crecimiento, auto-adaptación, responsabilización, tratar de que la persona esté en la condición de auto-mejorar su comportamiento. Por eso, la persona será responsable de su cambio para que no solo pueda realizar el cambio cuando está bajo terapia, sino también cuando tenga problemas en futuro.
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